Acabo de leer un cómic muy interesante: Escapar, de Guy Delisle. Cuenta la historia verdadera de Christophe André cuando fue secuestrado en Chechenia mientras trabajaba para una ONG (Médico sin fronteras). El cómic es muy interesante y muy conseguido, te mantiene vivo el interés aunque no ocurra casi nada durante gran parte del libro porque refleja la vida de un recluso, en una habitación pequeña, sin luz, sin saber dónde está, sin noticias ninguna, sin conocer el idioma de sus carceleros, sin saber cuánto tiempo durará el improviso infierno absurdo en el que se ha convertido su vida. El dibujo es fresco, simple, sin efectismos y los personajes te cautivan.

Me ha llamado la atención en particular una página donde cuenta la extrema sensación placentera de comerse un ajo. Durante todo el periodo de reclusión, en el que sólo come una sopa insípida durante casi dos meses, el protagonista consigue con muchas dificultades entrar en posesión de un diente de ajo y lo degusta con un gusto tan supremo que se marea. En los cuentos de reclusión, como por ejemplo el famoso “Si esto es un hombre” de Primo Levi o “El humo de Birkenau” de Liana Millu, siempre me sorprende cómo se descubren placeres inesperados, extremadamente intensos, en las cosas más simples que están normalmente a nuestro alcance en la cotidianidad y a las que no damos ninguna importancia.

Guy Delisle (1966) es un dibujante canadiense (Quebec) con un amplio recorrido profesional en el mundo del cómic y de la animación. Podemos citar algunos de sus trabajos más representativos, testimonio de sus viajes a Asia y Oriente Medio: Shenzhen (2000), Pyongyang (2003), Crónicas birmanas (2007) y Crónicas de Jerusalén (2011), título con el que consiguió el premio a la mejor obra en el prestigioso Salón Internacional del Cómic de Angoulême 2012. También es autor del divertido recopilatorio de historias cortas Cómo no hacer nada (2009) y de la Guía del mal padre